Anteriormente en El Día en que Conocí Twitter…

Xoxanna abre una cuenta en Twitter para ponerse en contacto con un famoso director de cine porque piensa que lo que escribe su novio, puede interesarle. Le manda un DM y, para su sorpresa, el director le cita de inmediato en su casa, pero lejos de hablar de cine o literatura, le pide ayuda con la mudanza y le obliga a descargar un camión lleno de trastos viejos. Aun así, parece que hay buen feeling entre ellos y puede que algún día hablen de negocios. Pero antes de que tal cosa suceda, el novio de Xoxanna deberá quedarse en casa para vigilar a los obreros mientras el director de cine recoge a su hija del aeropuerto y la lleva al internado.

Créditos de apertura de la serie “El Día en que Conocí Twitter”

‘Una pareja capaz de todo con tal de conseguir un trabajo anormal’.

#ElDiaEnQueConociTwitter

 

“La hija del director”

 

–No lo sé, Xoxanna, te lo he dicho cien veces. Tengo que estar aquí, en esta puta casa enorme vigilando a una docena de maromos latinos para que hagan bien su trabajo y no le roben la infinidad de mierdas que tiene desperdigadas por todos los lados. No sé nada más–. Me muevo en pequeños círculos sin sentido mientras fumo y hablo por el teléfono móvil. No sé hablar por el teléfono móvil si no fumo y me muevo en pequeños círculos sin sentido–.  Me dijo que tenía que ir a recoger a su hija al aeropuerto y luego a no sé qué hostias más. Sí, es él. Es el Director de Cine. Sí, ya te dije ayer que sí, que quería darnos trabajo; de momento esto es lo que tengo que hacer. Suena raro de cojones, pero ya sabes cómo es esta gente. Por lo menos no me ha metido su colección de palos de golf por el culo. No me hace gracia, Xoxanna. Joder… pues desayuna tostadas como todo el puto mundo. ¡Con el pan de ayer, yo que sé! Sí, vale, luego te llamo.

Llevo dos horas aquí. Xoxanna me pone de los nervios. Se acaba de levantar y ya me pone de los putos nervios. Es otro don que tiene junto con el de conseguir las cosas gratis. Quiere desayunar el muesli que toman los famosos pero ya no queda en casa. Por eso me llama por teléfono, para decirme que ya no queda muesli del que toman los famosos y para repetir paso por paso la discusión que tuvimos ayer en casa después de que volviéramos borrachos del Bears. Xoxanna consigue que me quiera lanzar por la ventana, pero se me pasa pronto. Salvo por el desenlace, acabar follando, es como discutir con tu hermana pequeña. Soy hijo único, pero he tenido ocasión de contemplar una discusión de hermanos y me recuerdan a nosotros. Xoxanna es mucho más guapa que cualquier hermana de cualquier amigo que haya conocido. Le gusta mucho una serie de chicas que dan en la HBO y aplica a su vida muchas de las cosas que se dicen en esa serie. A veces la veo con ella; no está tan mal. Se parece físicamente a la mejor amiga de la protagonista y lo sabe; se ha llegado a comprar la misma ropa que viste en la serie. Una vez se gastó cuatrocientos euros en las mismas botas que calzaba la chica en el capítulo en el que ésta daba un concierto en un bar súper moderno. Por la noche, cuando estábamos en casa, apareció en el salón desnuda y sólo con las botas cantando la misma canción que cantaba la chica en el bar súper moderno. Yo no me di cuenta de que eran las mismas botas ni de que se trataba de la misma canción y estallé en carcajadas; se las quitó y me las lanzó a la cabeza, tuvieron que darme puntos en la ceja derecha.

–Señor, necesitamos agua para la mezcla, ¿de dónde la podemos coger? –Recuerdo que el Director de Cine, el dueño de la casa, el tipo con el que descargué ayer un camión lleno de mierda y que pensaba que iba a violarme con su hierro seis, me dijo qué podía hacer en casos como éste.

Mi defectuosa memoria trabaja mientras las pestañas del obrero, llenas de polvo blanco, brillan como las de un hada madrina.

–¿Os vale con una toma de agua que hay en el jardín? –digo por fin. No parece convencerle. Parpadea rápido y motitas brillantes salen despedidas de sus ojos rojos, que parecen los de un zombi infectado.

–Estamos en el piso superior, podría ser una más cercana, ¿señor? –me mareo mucho cuando me llaman señor.

–Bueno, pues vamos a inspeccionar la zona en busca de una toma de agua. ¿Os serviría con una que haya en un baño?

–Sí.

El obrero y yo nos paseamos por la mansión vacía. Huele a cal. No conocía el piso de arriba y compruebo que existe otro aún más arriba. Estamos en un pasillo con puertas a los lados; cuestión de ensayo y error. Tras abrir un par de puertas damos con un enorme baño. Una bañera de esas antiguas con patas doradas parecida a la de la película “Ésta casa es una ruina” se le antoja perfecta para llenar varios cubos de agua. Me despido de él y me dirijo a una de las habitaciones que hemos abierto mientras buscábamos el baño. Está llena de libros, discos, premios, fotos firmadas y todo eso. Parece ser la habitación del ego. Había oído hablar de este tipo de guaridas. Gente como el Director de Cine las tiene. Creo que es un maravilloso sitio para pasar el día. Me pongo a fisgar: fotos antiguas de él cuando era joven con famosos muy famosos que en aquellos tiempos ya eran viejos… alguno aún vive. Premios honoríficos a una carrera, libros firmados, recortes de prensa…

Recibo un whatsapp de Xoxanna: “Estoy a diez minutos de la casa. La Hija del Director es una zorra peligrosa. Sé que ha hecho pira a clase y que estará por ahí cerca porque la sigo por Snapchat, menuda hija de puta. Además me debe pasta“.

La capacidad de espionaje que tiene Xoxanna es aterradora. Me acojona de verdad; es capaz de encontrarme aunque tenga la localización del iPhone desactivada. En ocasiones exagera y le gusta montarse películas, pero la mayoría de las veces acierta. Así y todo… ¿cómo se va a enterar ella antes que yo de que la Hija del Director está en la casa? Achaco su sospecha a la locura inducida por sus celos. Cuatro de las cinco veces que ha intentado matarme han sido por celos. La otra fue porque me olvidé de algo muy importante. Cuando contemplo con envidia un pase VIP para el pre estreno de Birdman firmado por el mismísimo Iñarritu, escucho unos ruidos extraños que vienen de alguna parte. Dejo el pase sobre la mesilla donde lo he encontrado y salgo de la habitación del ego. Gritos y golpes. Jadeos. Más gritos y más golpes. Vienen del fondo. Voy hacia la puerta, me detengo en el umbral y pego la oreja. Jadeos, gritos. La abro.

–¡Sopa de huevo! ¡Maldito hijo de indios! ¡Sopa de huevo! –Uno de los obreros se está follando a lo perrito a una chica rubia que tendrá como mucho diecisiete años. Lleva puesto el uniforme escolar con la falda remangada hasta la espalda. A cada embestida, del jersey del obrero se desprenden nubecitas de polvo blanco que vuelan por la habitación de la Hija del Director, que no para de gritar –¡Sigue, sigue, fóllame salchichón, Andrés Pajares me la suda! –Desde la ventana, tres compañeros suyos encaramados a un precario andamio observan la escena y esperan su turno– ¡Siguiente, tú vete ya! ¡Bolsa de mierda, siguiente, pato a la naranja! –Se forma un revuelo tremendo en el andamio; todos quieren ser el próximo. Empujones, rencillas y mucha ansia sobre terreno inestable hacen que uno de los tres obreros pierda el equilibrio y se precipite al vacío. Estruendo, gritos de dolor. Yo no doy crédito. La cara de la hija del director está desencajada de placer, se ha creado un aura de polvo blanco alrededor de ella; tiene ronchas de maquillaje en la frente a causa del sudor –¡Tú que miras! ¡Barcelona Sans andén derecho! ¡Saco de nueces! –me grita mientras jadea. El obrero sigue a lo suyo. Los dos que quedaban en el andamio han ido a socorrer al compañero herido.

Me largo de la habitación. Bajo las escaleras hacia el recibidor y me cruzo con uno de los obreros; es el que me ha pedido la toma de agua para llenar los cubos. Tiene cara de preocupado.

–¡Señor! Roberto está malherido, creo que se quebró la pierna y perdió la consciencia. Tenemos que llevarlo a algún lado.

–De acuerdo, haced lo correcto, llevadlo al hospital, ya me encargo yo de llamar al dueño de la casa.

–No, por favor señor, no llame al dueño, no tenemos seguro y no podemos llevarlo al hospital porque no tiene papeles. Ya nos encargamos nosotros. Alberto y yo le vamos a llevar a un sitio. Los demás se quedarán aquí y continuarán laburando.

–Cómo queráis.

Necesito una cerveza. Voy a la cocina, al útero de la Antártida. Abro la nevera. Hay veinticuatro botellines con abre fácil. De puta madre. Me bebo una de tres tragos y me distraigo mirando al techo. Cojo otras dos y salgo al jardín.

Antes de llegar al exterior ya me he bebido la segunda; la cerveza choca contra las paredes de mi estómago. Me dan arcadas. Vomito algo de espuma blanca y fría sobre los arbustos de la entrada.

–¿Echando la pota ya? ¡Dónde está esa zorra! ¿Está aquí, verdad? –Es Xoxanna. Mira hacia las ventanas; sus ojos furiosos tratan de colarse por la puerta. Se escuchan los gritos de Roberto y los ánimos de sus compañeros que intentan levantarlo del suelo.

–¿Cómo lo sabías? ¿De qué la conoces?

–Me jode cómo me subestimas a veces, cariño –Me quita la cerveza de las manos, la abre y da un gran trago. Eructa y saca el móvil del bolso.

–Vaya, a quién tenemos por aquí… ¡Culos de hombre! Cuanto tiempo, Xoxanna… ¡Putos viejos pelirrojos! –es la Hija del Director. Está descalza de un pie y cubierta entera de polvo blanco, su cara es como la de una geisha.

–Maldita zorra con síndrome de Tourette. ¡Dame la pasta que me debes!

La hija del director se abalanza sobre Xoxanna que, atenta y veloz cual guepardo, rompe el botellín contra el borde de la barandilla y la amenaza.

Los obreros transportan a Roberto en una camilla improvisada hacia una furgoneta que sale chirriando ruedas rumbo hacia alguna parte que no es un hospital. Me mareo.

–Tócame un pelo y será lo último que hagas. ¡Cojones de tigre joven! –escupe tres veces hacia arriba. Los escupitajos aterrizan al de unos segundos muy cerca de mis pies.

–Dame la pasta que me debes, pírate de aquí y no pasará nada.

–Ésta es mi casa ¡Pasta al pesto! ¡Maricones polacos!

–Véte ahora mismo a clase o le digo a tu padre que te escapas del internado para mamársela a cualquiera que se te ponga delante.

La Hija del Director mete la mano en su mochila de estudiante de la ESO, saca un billete de cincuenta euros y lo lanza al suelo; aterriza sobre la hierba cerca de Xoxanna, que aún sostiene el botellín roto. Tras un cruce de miradas, la Hija del Director se va a paso tranquilo soltando un par de gritos más imposibles de comprender.

–Puta zorra perturbada… ¿Qué tal el día, cariño? ––lanza el botellín roto al jardín.

–Bien, necesito más cerveza, ¿vienes a la cocina?

–Claro –Me da un beso en los labios.

En el útero de la Antártida, sentados sobre las mismas banquetas de ayer, Xoxanna y yo bebemos cerveza en silencio.

Recibo un correo electrónico del Director de Cine: “Espero que todo vaya bien, tienes cerveza en la nevera. Me pasaré por casa después de comer. Tengo algo para vosotros, para que mantengáis la racha. Luego hablamos y os lo cuento. Dile a Xoxanna que venga también”.

Ya contestaré, ya se lo diré a Xoxanna. De momento se está de la hostia con ella en el útero de la Antártida bebiendo cerveza en silencio. Está muy guapa.

 

Continuará…

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