Anteriormente en El Día en que Conocí Twitter…

A Xoxanna le entró la vena mística y comenzó a pensar en el Destino por haber conocido al Director de Cine, que al final sí que les ha dado trabajo, pero pronto se le pasó.

Si quieres saber por qué y muchas cosas más, ponte al día aquí: 1×01 / 1×02 / 1×03

 

 Créditos de apertura de El Día en que Conocí Twitter…

‘Una pareja capaz de todo con tal de conseguir un trabajo anormal’

#ElDiaEnQueConociTwitter

 

1×04

Ellos serán tus negros 

INTRODUCCIÓN.

 

Un plató de televisión hace casi tres años. Un joven actor, la revelación de turno. Ahora da igual su cara, pero entonces nadie lo dudaba: era el Actor Perfecto. Había firmado el contrato ideal en el momento adecuado y su mentor, El Director de Cine, sentado a su lado en el mismo sillón, lo miraba como si éste fuese su posesión más preciada. Frente a ellos, el más famoso de los presentadores.

La película había batido récords de taquilla; todo un hito en la historia del cine español. Prácticamente al inicio de la entrevista y tras una desenfadada introducción que dejaba claro lo mucho de moda que estaban los invitados del día, el presentador preguntó a la joven promesa: “Has pasado de actuar en bares haciendo monólogos y de que te conocieran más que nada por el boca a boca, a tener una cuenta  de twitter con más de doscientos mil seguidores, ¿cómo se lleva eso?” El Actor Perfecto, como si de pronto hubiera sido alcanzado por una gripe, palideció, comenzó a sudar, incluso a tiritar levemente y finalmente contestó: “Mal, muy mal”. El entrevistador, creyéndose consciente del motivo de la respuesta, añadió: “Asusta, ¿es por eso, no?” Y se fijó en las gotas de sudor que perlaban su frente. Entonces, el Actor Perfecto, como si estuviese confesando la mayor de sus vergüenzas, concretó con sinceridad: “No, porque son pocos. Porque son muy pocos”. Y rompió a llorar.

 

ELLOS SERÁN TUS NEGROS

 

Estamos los dos muy nerviosos, sobre todo Xoxanna. Es curioso… cuando pasa por fases de mucho estrés le salen trazas involuntarias de acento valenciano al enfatizar y su apetito sexual se incrementa violentamente. Yo soy más de permanecer en silencio y de vez en cuando gritar cosas que no vienen a cuento; falta la Hija del Director para que la casa parezca un puto sanatorio. Hace unos minutos Xoxanna paseaba en ropa interior con el móvil en la mano quejándose de los seguidores que ha perdido en Instagram y se ha sacado un selfie frente al espejo. Yo he gritado “¡Lacon con grelos!” y ella me ha contestado “¡Que te jodan! Deja de gritar chorradas y échame un polvo, me paseo desnuda y ni me miras. ¡@John666 me mira más que tú!”. Así somos a veces.

En toda una semana no he logrado escribir una puta escena decente. Todo eran esbozos que no servían ni para limpiarse. Xoxanna no ha conseguido contactar con ningún actor. No tenemos nada de lo que acordamos para la próxima reunión con El Director de Cine.

Ahora utilizo algo que se llama Skype para comunicarme con mi Community Manager. Me daría de hostias a mí mismo por hablar así. Bueno, pues mi Community Manager vive en Granada, es una cría con un acento muy gracioso y además, según dice ella, es Booktuber; prefiero no preguntar qué significa, simplemente sonrío y hago que sé de lo que me habla. Me parto de la risa con ella. Se conecta media hora conmigo todos los días para llevarme el Twitter. Se ríe y teclea cosas mientras me hace preguntas y me da coba. Ha subido a una web varios relatos míos. Dice que están teniendo éxito, que la gente los lee, los comparte, los comenta y todo eso. Me habla de algoritmos de Facebook, yo le vacilo con raíces cuadradas y ella se ríe y vuelve a teclear más cosas. Creo que Xoxanna está algo celosa, pero en el fondo le gusta que tenga un Community Manager.

Lo que lleva de día está siendo horrible. Xoxanna ha perdido seguidores en Instagram y le han hackeado su cuenta de Facebook; está jodidamente insoportable. El Director de Cine me ha llamado hoy; quería saber cómo iba la cosa. Nos ha ingresado en la cuenta un jugoso adelanto con el concepto “motivación”. Cuando digo jugoso lo hago desde la perspectiva de dos semi homeless como nosotros, y como soy educado, no hablaré de cifras. Es curioso, porque cuando hablamos con él del proyecto del micro teatro no nos dijo nada de adelantos. Pero bienvenidos sean, joder que sí.

El caso es que me ha sido imposible ser sincero; le he dicho que la cosa iba bien. Además, mientras hablaba con él no podía quitarme de la cabeza la imagen de su hija con la falda remangada, cubierta de un aura de polvo blanco y gritando cosas como “sopa de huevo” al ritmo de las embestidas del obrero. Hemos quedado en una cafetería súper moderna y le he asegurado que tenía cosas que enseñarle, incluso me he venido arriba y he sugerido que podríamos improvisar una de las escenas porque ya contábamos con actores. Me he inventado todo eso porque me estaba poniendo muy nervioso y tenía ganas de vomitar y Xoxanna no paraba de cagarse en todo dando vueltas por la casa en ropa interior con el móvil en la mano. El sonido pegajoso de su caminar desnudo por el parqué del salón hace que quiera lanzar cosas por la ventana. En dos horas tenemos que estar en una cafetería del centro con algo bueno para El Director de Cine. Y no hay nada.

–¡No hay nada! –grito.

–¡No hay puto nada! –grita Xoxanna.

–Igual esto no es lo nuestro, deberíamos planteárnoslo.

–¿Quieres que te parta la puta cara? –dice Xoxanna cerrando el puño y tensando los tendones del brazo.

–¿Ponemos la canción?

–Vale, pero no rompemos nada.

Cuando alcanzamos a la vez el mismo nivel de estrés nos gusta poner “Why you don’t get a job?” de The Off Spring y gritar y saltar y romper cosas por la casa. Es como una catarsis. Generalmente después del ritual tenemos buenas ideas. Así que nos servimos dos chupitos para cada uno de Jack Daniels y ponemos la canción a toda hostia.

Trance. Es cómo una excitación progresiva que nos lleva a intentar tocar el techo dando saltos. Descontrol total. Cuerpo y mente separados. Instinto. Placer y dolor. La última vez Xoxanna se hizo un esguince de tobillo. Termina la canción. Estamos en el suelo con los brazos en cruz, recuperando el aliento. Somos dos náufragos recién llegados a la orilla de una isla sin sentido

–Creo que deberíamos llamarla –dice ella. Toso. Xoxanna ríe.

–Ya se me había ocurrido –contesto. La lámpara del techo se mueve–. Pero lo veo muy arriesgado. Esa mujer es imprevisible.

–El éxito conlleva riesgo, cariño.

–Está bien, habla con ella.

Lo que acaba de proponer Xoxanna es una medida desesperada: llamar a Marisa Lanormal.

Marisa Lanormal es una ex novia mía que se quedó en el camino cuando estaba a punto de finalizar su doctorado. No llegó a presentar la tesis. Algún cable importante de esos que no hay que cortar cuando desactivas una bomba se rompió dentro de su cabeza y la explosión le causó daños irreversibles. Marisa llegó a ser del mismo círculo de amistad que Xoxanna; de hecho, yo conocí a Xoxanna en un concierto de jazz cuando aún salía con Marisa, poco antes de que se volviese loca. Ahora, Marisa Lanormal (éste es su apellido verídico), recibe una ayuda del gobierno vasco por una discapacidad intelectual superior al 33% y trabaja en una empresa de fruta. Su trabajo consiste en seleccionar las naranjas feas que pasan por una cinta y separarlas de las bonitas. Tras la jornada siempre se lleva al menos media docena de naranjas feas y cada vez que nos la encontramos por la calle nos las lanza a matar y nos monta un numerito; luego escapa corriendo de forma extraña. Tiene una puntería excelente. Marisa no rige como los demás. Por eso se nos ha ocurrido que venga, para que monte una de las suyas y poder colarla como una de las escenas y así salir del paso. Xoxanna le pone un mensaje con la hora y las coordenadas de nuestra inminente cita con El Director de Cine. Suficiente.

–Le he dicho a y media en vez de a en punto –dice Xoxanna–. Así tendremos tiempo por si el Director de Cine llega tarde y podremos hablar un rato con él –No digo nada, no contesto. Me siento mal y no quiero estar con nadie. Llevo varios días así.

Llegamos cinco minutos antes al lugar; miramos desde fuera al interior del local. El Director de Cine aún no ha llegado. Me fijo en la pizarra que hay junto a la puerta. Nuestros nervios son el plato principal del día. Cuando estoy a punto de prenderme un cigarro observo que el Director de Cine sale de los servicios y se pone a la cola para pedir; su rostro, levemente desangelado, refleja claramente el cansancio que le supone ser quien es y estar en sitios como éste. Entramos. Nos ve y nos hace una seña; pide dos más de todo y gesticulando, nos indica que vayamos ocupando una mesa. Le hacemos caso. Es la hora de la puta verdad. Viene con una bandeja llena de cafés modernos y bollos imposibles luciendo una sonrisa digna de quien se ha confundido de vestuario el primer día de gimnasio. Se sienta con nosotros, deja la bandeja en mitad de la mesa, nos coge por el brazo y hace una pedorreta con la boca. Somos el puto centro de atención de la cafetería; tengo la sensación de que hasta el encargado que se esconde tras la puerta de su despacho está flipando mientras nos ve a través de las cámaras de seguridad del establecimiento. Hasta ahora, no había caído en lo famoso que es el Director de Cine. Se puede tocar y oler la pregunta: “¿quién coño son los que están con él?”. Es como si flotase, por encima de las cabezas de todos y cada uno de los demás clientes, un pastel gigante con forma de interrogación y cubierto de glaseados de diferentes colores.

–Chicos, olvidad todo lo que habíamos hablado –Se me escapa un pedo por los nervios, de los que suenan y huelen la hostia de mal–. No sirve para nada, es bazofia hipstérica, hacedme caso. Prometedme esto: ¿lo olvidaréis? –Nos mira fijamente a los ojos. Los tres sabemos que el pedo que se me ha escapado huele a muertos. Nuestros ojos reflejan el hedor.

–Qué pena –dice Xoxanna, le lanzo una mirada que dice: “no sigas por ahí”.

–Pena ninguna –interrumpe el Director de Cine–. ¿Por qué entristecerse cuando las cosas van a mejor? Hoy me he dado cuenta, chicos, de que la vida es muy corta y de que hay que hacer cosas importantes. Donde está la acción… ese es nuestro lugar, dejemos las chorradas a un lado. Yendo al grano, vuelvo al cine–. Xoxanna se atraganta con un bagel–. Quiero lavar mi imagen; la anterior película fue un éxito de taquilla, sí, pero fue una puta basura y lo sabéis. Ya nadie se acuerda del protagonista, pobre chaval, no supo llevar bien la fama… algún día os contaré lo que hizo en una entrevista. En fin, el caso es que me he leído todo lo que has escrito, hasta las cartas que te mandabas con tu novia cuando tenías quince años, y es tu esencia la que quiero que esté en mi película. Tendrás un equipo, no estarás sólo. Ellos serán tus negros. Quiero cine independiente, quiero algo pequeño que tienda a inconmensurable con el tiempo. Algo que deje huella. Cine de autor, en definitiva, lo que eres tú, lo que soy yo, lo que somos. Autores. Ya veremos dónde puede encajar ella –dice señalando a Xoxanna, que se le escapa un grito de caniche. Todo el mundo nos mira–. Concretando: empieza a escribir la película que te gustaría ver, ¿me captas? Eso es lo que quiero hacer, mi próximo trabajo será la película que a ti te gustaría ver. ¿Qué te parece?

Se me taponan los oídos. Me mareo.

–Bien, me parece bien… ¿No hay ningún pero? Quiero decir, ¿es esto y ya está? Me sorprende que no haya una “cara be” en este disco…

–¿Te refieres a cuántos camiones más vas a tener que descargar? –sonríe– Ya pasaste esa prueba. Leí tu mierda y no consigo desprenderme de ella. Es actual, es lo que pasa ahora y todo el mundo ve pero nadie se fija en ello, es lo que quiero plasmar en mi próximo trabajo. Lo vi clarísimo el otro día.

–¡Es lo que quiere puto plasmar en su próximo trabajo! –me grita Xoxanna, asustándome mucho.

–Vale, vale, de acuerdo. Lo haré, claro que lo haré.

–Claro que lo puto harás –recalca ella.

El Director de Cine se ríe.

–Es que está muy nerviosa hoy, ¿sabes? Ha perdido seguidores en no sé qué sitio y le han hecho un jaque mate en no sé qué otra cuenta… Si te fijas tiene acento valenciano.

El Director de Cine se ríe a carcajadas; es todo dientes y campanilla. El sonido de su risa tiene fuerza de empuje. Se contagia a las mesas de al lado y de ahí pasa a las siguientes. Nos miramos sonrientes, aliviados por haber salvado el culo con tanta suerte y sin ningún daño colateral; más bien todo lo contrario.

Comenzamos a charlar de otras cosas y poco a poco nos vamos relajando y recuperando la confianza en nosotros mismos. Cuando acerco la mano a la bandeja repleta de repostería rellena todos los fantasmas que nos venían persiguiendo estos últimos días ya se han esfumado.

Pero de pronto, antes de que pueda escoger la pieza que quiero devorar, una ráfaga de color naranja me llena de nata toda la cara y una exclamación formada por al menos sesenta y cuatro cuerdas vocales tapa hasta el hilo musical. Marisa Lanormal, en la entrada de la cafetería cual pitcher sin gorra, se prepara para lanzar otra naranja. Strike uno. Cuando logro quitarme la nata de los ojos consigo ver al Director de Cine que, pringado también hasta las cejas, continúa riendo igual que antes, como si estuviera drogado.

–¡Debajo de la mesa! –grito.

–¿Qué cojones pasa? –pregunta el Director sin poder controlar la risa– ¡Qué pasa!             

–¡Ha venido, al final ha venido, se me había olvidado, joder…!

Un zumbido que se acerca, gritos de asombro por toda la cafetería. Esta vez no puedo ver la estela que dejan los proyectiles. La naranja impacta contra mi cuello y me corta la respiración. Strike dos.

–¡Hostias, la loca de los huevos! –Xoxanna me coge por los hombros y me empuja hacia abajo. Buscamos refugio. Fuego a discreción. Tengo fuertes arcadas y no puedo hablar. En pocos segundos estamos los tres bajo la mesa, cobijados por cuatro palmos de mantel de cuadros.

–¿La conocéis? ¡Hostia puta! ¡La conocéis! –exclama el Director de Cine fascinado– ¡Sois geniales!

–Nos lanza naranjas feas. Ese es su único cometido en la vida, lanzarnos naranjas feas con violencia cada vez que se cruza con nosotros. Siempre lleva algo encima, la muy zorra –dice Xoxanna como si fuese el mismísimo coronel Kurtz de Apocalypse Now.

Trato de hablar pero sólo me salen gorgojos. El Director de Cine se dobla de la risa, agarrándose la tripa con las dos manos. Su cara es nata y un agujero con lengua y dientes. Otro impacto; al parecer sobre un vaso de café que estalla y esparce su contenido. Ardiente onda expansiva. “¡Oh dios mío, está ardiendo!” Escuchamos desde nuestro refugio. Strike tres. Daños colaterales y víctimas civiles. Otro ataque de risa del Director.

–¡El día en que te pille acabarás bien jodido, mamón de mierda! ––grita Marisa Lanormal desde la puerta. Ya no tiene más naranjas. Se escapa corriendo, moviendo los brazos exageradamente.

–¡Sois geniales! ¡Gracias! Esto es lo mejor que he visto en años. ¿Lo ves, chaval? ¡Esto es realidad, esto es cine! ¡Nos vamos a llevar de puta madre! –nos grita el Director de Cine, que sigue riéndose como alguien que no se lo pasaba tan bien desde hace mucho tiempo y le hacía falta. O como alguien que está hasta las cejas de todo, además de nata.

 

Continuará…

 

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