AVISO IMPORTANTE

El capítulo que viene a continuación puede ofender a unos pocos, excitar a varios y provocar fuertes carcajadas y asombro en general. Si tienes menos de 16 años, cierra la puerta de tu habitación y disfruta de esta fiesta.

 

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Créditos de apertura de la serie “El Día en que Conocí Twitter”

‘Una pareja capaz de todo con tal de conseguir un trabajo anormal’.

#ElDiaEnQueConociTwitter

 

1×05

La fiesta

 

–¡Dónde estás! ¿Qué ha pasado? ¿Qué día es hoy? Joder, me he despertado en un sofá y un chihuahua se estaba puto follando mi brazo. ¿Me lo puedes explicar?

–Son demasiadas preguntas, Xoxanna, yo también tengo unas cuantas sin contestar ahora mismo.

La cabeza me va a estallar. Es como si me hubiera pasado un autobús por encima de la espalda. La llamada de Xoxanna me ha despertado. Estoy en un banco, en un parque. El cielo cae tímido sobre mis hombros, como si no quisiera asustarme.

–¿No vas a decir nada? ¡Huelo a polla de perro pequeño! ¡No te rías!

Cuando Xoxanna me grita “no te rías” estando muy enfadada automáticamente estallo en carcajadas. No lo puedo evitar y, como si fuese un castigo impuesto por ella, al ritmo de mi risa le acompañan dos globos de dolor alojados en mis sienes que se hinchan para joderme. Cuanto más me río más me duele la cabeza y más se enfada ella. No se dónde estoy ni por qué he acabado aquí, y por si fuese poco, el perro de un pijo que probablemente tenga perfil en Pinterest ha violado el brazo de Xoxanna. La cosa tiene gracia, joder. Xoxanna odia los perros; aún más a los chihuahuas. En el fondo le encantaría tener uno, estoy convencido de que es por eso.

–¡Cuando te encuentre te voy a puto partir la cara! –Otro de los rasgos característicos de Xoxanna es el manejo del vocablo “puto”. Lo anticipa al verbo y no al sustantivo. Me encanta. Tengo mierda de pájaro en los pantalones. Un mendigo me observa desde su banco como si me conociese; alza su cartón de vino dándome los buenos días. Demasiados cabos sueltos. La gente habla del destino con la misma facilidad del que se quita un moco bien pegado a la pared de su fosa nasal; sí, de esos que te arrancan una lagrimita. Lo único que sé es que en los últimos días nos han presentado a un montón de gente moderna en un montón de fiestas iguales que se han ido juntando en mi cabeza haciendo que confunda martes con jueves y todo eso. La película que quiere hacer el Director de Cine está teniendo bastante acogida entre los drogatas más extravagantes de la farándula. Continúo con la conversación. Las pausas prolongadas le ponen de los nervios también.

–Para vernos y que me partas la cara primero tendremos que saber dónde estamos. Qué ocurrió ayer o quizá anteayer ya irá surgiendo sobre la marcha, espero. ¿Tienes dinero? –pregunto palpándome los bolsillos para comprobar si no lo he perdido todo. En el bolsillo trasero encuentro una tarjeta.

–Yo ya sé dónde estoy: en la casa del Director de Cine. No hay nadie, ahora estoy en la cocina, he ido a beber agua y a comer algo, me estoy poniendo fina a salchichón. Estoy sola.

–Bueno, al menos el chihuahua violador de brazos te hace compañía. Yo estoy en un parque y un mendigo me está haciendo ojitos.

–Que te den. Tu gorro de lana estaba dentro de la nevera puesto sobre una sandía, me han dado ganas de coger una maza y reventarla, como hacía el cómico ese de los años ochenta–. Unos ruidos extraños al otro lado de la línea. Ladridos –¡Mierda, la chalada de los cojones también está! Lo que puto me faltaba…

–¿Quién? –más ruidos, más ladridos.

–La zorra de…

Unos segundos antes de que se corte la llamada escucho la inigualable voz de la Hija del Director gritando “¡Nostalgia germana, pico de pato!”. Cojonudo.

Trato enfocar la vista para ver la tarjeta. Arena en los ojos. Tiene un número de móvil escrito a mano y debajo una frase: “Recuerda lo que pactamos acerca del guión y la película triunfará”. Los números no se distinguen bien porque el bolígrafo con los que fueron trazados no estaba en sus mejores momentos. Los datos impresos de la tarjeta, salvo el número de un teléfono fijo, están tachados concienzudamente. Miro la pantalla del móvil. Viernes 4 de abril, 9:09 a.m. Y un montón de notificaciones de Twitter, Instagram, Facebook y demás mierdas que poco a poco y con la ayuda de mi CM, estoy aprendiendo a utilizar. Marco el único número de la tarjeta que ahora puedo distinguir: el fijo.

–Pompas fúnebres Martínez Pelayo, ¿en qué puedo ayudarle?

Cuelgo. “¿Pero qué hostias? “Espero no tener que mandar una a la casa del Director de Cine”, pienso. Me imagino a Xoxanna atizándole con el salchichón a la Hija del Director mientras el chihuahua busca una esquina contra la que frotarse.

Me levanto, me mareo y trato de recordar. Si Xoxanna está en la casa del Director de Cine está claro que yo también estuve. Un popurrí de imágenes se agolpa en mi cabeza, pero ninguna es válida.

–Hace unas horas estabas muy contento –me dice el mendigo desde su banco–. Viniste con un tipo trajeado, ibais dando voces y me despertasteis. Estaba soñando que me follaba a la Cantudo. Cabrones… llegados a este punto lo único que me queda es disfrutar de los sueños.

–¿Y qué más hice?

–Os sentasteis en ese mismo banco a fumar marihuana. El tipo trajeado se levantó y dijo algo incomprensible, creo que era japonés, o chino, nunca sé distinguirlos. Os disteis la mano, tú dijiste que te ibas a echar una cabezada y ahí te quedaste.

–¿Puedes decirme algo más?

–Hoy en día los jóvenes no sabéis beber, maldita sea, en mis tiempos…

Veo el camino que quiere tomar, así que desvío la atención hacia la extensa campa que nos acoge; no recuerdo un parque tan grande en plena ciudad… Decido optar por las nuevas tecnologías, así que saco el móvil y abro la aplicación de mapas. El mendigo sigue a lo suyo, escupiendo historias al aire que hablan de juventud y borracheras. Estoy muy a las afueras. Camino en dirección sur.

Suena el teléfono; es mi CM.

–Hola, Almudena, buenos días o lo que hostias sea.

–¡Uy! Menuda voz que me traes por la mañana, quillo, normal, ¡con la que liaste ayer! ¡Tu cuenta de twitter está que arde!

–Lo que me arden ahora mismo son las entrañas, y no tengo ni puta idea de la que lié ayer –se ríe.

–¡Ay, estos nuevos famosos! Recién salidos a la palestra y ya se comportan como estrellas del rock.

–Me he despertado en un banco del parque lleno de mierda de pájaro, ¿crees que se parece algo a la vida de alguien famoso?

–Tienes setecientos noventa y dos seguidores nuevos, entre los que se encuentran actores y actrices muy pero que muy famosos. Acabo de tuitear lo que me has dicho.

–¿Qué es lo que hice ayer, Almudena? ¿Qué pasó? Guíame en la vida, por favor, en la real, no en la virtual.

–Ya tienes quince retuits y ochenta y dos favs.

–No tengo ni puta idea de lo que me hablas. Me sería de más ayuda saber dónde está mi casa. Escribe eso también, si quieres.

–Eres genial. Hasta donde yo puedo saber y por los vídeos, fotos y mensajes que me mandaste ayer, estuviste en una fiesta en casa de nuestro jefe, el Director de Cine, que se celebró con el motivo de recaudar fondos para la nueva película que quiere hacer. Hubo mucha droga y hasta una orgía. Pero puedes estar tranquilo, todo el material que me mandaste está a salvo conmigo, lo tengo todo en un pendrive y he vaciado todos los chats. Te recomiendo que hagas lo mismo, no todo es comprometido, pero hay cosas que sí. La fiesta fue bien; se consiguió bastante dinero. En uno de los mensajes de audio que me mandaste me decías que me ibas a poner un piso en La Alhambra, ¡qué mono! Ah, y parece ser, según los MP que has recibido, que llegasteis a un acuerdo sobre el tema del guión. No se dice nada en concreto porque eso obviamente es confidencial y no se puede decir ni siquiera por teléfono, así que no te puedo ayudar. Pero por lo que te dicen, intuyo que hubo un acuerdo.

Desde que he oído la palabra orgía me he detenido en una especie de mirador desde el cual se ve toda la ciudad. No estoy en un parque, estoy en un monte.

–Joder, Almudena. Joder.

–No te hagas mala sangre, quillo. Tranquilo, ya te enterarás de todo. Esta gente estará tan mal como tú ahora y no empezarán a funcionar hasta dentro de dos días como poco. Mantente alerta y con el tema del guión ten cuidado. Aunque ahora que lo pienso, no puedes largar nada sobre algo de lo que no tienes ni idea –se ríe–. Haz como que sí lo sabes, sígueles el rollo y la situación te irá dando pistas y recordarás todo. No creo que te hayan dado rohipnol, ¿no? La amnesia tras una buena resaca es pasajera. Raras veces es permanente. Lo que sí te recomiendo es no darles a entender que se ta ha olvidado el pacto, eso te daría muy mala imagen en los inicios.

–De acuerdo, prométeme que serás mis ojos y mi luz estos días, por favor.

–Por su puesto, ese es mi trabajo. El piso con piscina en el jardín, por favor.

Nada más colgar y antes de que pueda prenderme un cigarro y disfrutar de las vistas, vuelve a sonar el teléfono. Una voz aguda con acento asiático me dice.

–Señor Li Chiao listo para desayuno con usted. ¿Dónde se encuentra? Díganos y coche enviamos a buscar –me flaquean las piernas.

–Ahora mismo no lo sé, estoy en un monte y desde aquí veo toda la ciudad.

–Ah, sí, ir usted allí por la noche con señor Li Chiao a un club de señoritas para cerrar trato. Señor Li Chiao listo para desayuno con usted, llevamos coche allí a buscarle, envíenos localización exacta whatsapp. Cinco minutos.

Hago lo que me han dicho. Les envío la localización exacta por whatsapp (radio de cinco metros) al número que me ha llamado, y espero.

Un cigarro es lo que tardan. Una limusina negra con los cristales tintados se detiene frente a mí. La ventanilla trasera desciende con fluidez y asoma la cara de una mujer que, aunque lleva gafas de sol oscuras y anchas, está claro que también es asiática.

–Sube –suena como una orden.

Dentro de la amplia limusina el que parece ser el señor Li Chiao grita cosas en su idioma con ese tono agresivo que tienen los chinos aunque te estén felicitando la Navidad.

Chilla y gesticula y vuelve a chillar; hasta que por fin se calla.

–Señor Chiao dice que estar muy interesado en producir película y que pondrá el sesenta y cinco por ciento del dinero que cueste.

–Hostias, ¿sólo ha dicho eso? –la intérprete se ríe–. Quiero decir… no, no, espera, no le traduzcas eso… joder, qué nervios más tontos. Me refiero a que… ¿en esta reunión no deberían estar el director y el productor? Yo soy el guionista.

–Señor Li Chiao querer tener relación directa con todos los artistas de los proyectos que emprende, para tratar con productores siempre hay tiempo, pero quiere tratar bien y tener contentos a lo que él considera los artesanos.

Li Chiao vuelve a gritar y gesticular. El reflejo de la luz del sol resalta los perdigones que suelta.

–Dice que ayer se lo pasó bien con usted, que le dio confianza, que no quiere influir nada en su proceso de creación y que si mantiene su promesa de abastecimiento y escribe el guión según lo acordado en la fiesta de anoche, hará todo lo posible para que la chica morena y tú seáis felices.

–La promesa de abastecimiento –afirmo, no pregunto. Dos mujeres más que hasta ahora no había visto manejan platos y boles con comida. El olor es fortísimo. No me imaginaba que el desayuno iba a ser sobre la marcha.

–Doscientos cincuenta kilos de queso Idiazabal. Señor Li Chiao muy aficionado al queso.

–¡Doscientos cincuenta kilos de queso Idiazabal! –grito aliviado porque los doscientos cincuenta kilos se pueden comprar en el mercado legalmente. Ya me las arreglaré–. Por su puesto, tenemos un queso estupendo aquí –añado. La intérprete traduce. Li Chiao ríe y me tiende un bol humeante. El olor me da náuseas. Mareado en un coche como cuando era pequeño y con la mafia china del queso. El bol tiene una salsa marrón color arena mojada y unos bultos negros envueltos en tempura. Li Chiao vuelve a chillar.

–Señor Li Chiao dice que estar encantado de poder compartir este plato con usted, que le sorprendió mucho cuando ayer dijiste que te gustaban. Fue como tratar con uno de los suyos. Está muy orgulloso de usted y de que le guste este plato.

–¿Puedo preguntar qué es? –la intérprete, con un bol idéntico al mío en la mano, me mira confusa. No lo traduce.

–¿No se acuerda? Señor Li Chiao quedó encantado con usted al decirle que le gustaban los grillos en tempura con salsa Teriyaki. No voy a traducir esto– le dice unas pocas palabras–. Le he dicho que estás muy agradecido. Come –vuelve a sonar como una orden.

Tanto la intérprete como el señor Li Chiao se meten un grillo en la boca y empiezan a masticar. Crujen mucho. Miro el bol. No tengo escapatoria. Que viva el cine y el arte y la escritura y la madre que los parió a todos. Como. No está tan mal como pensaba. Rico no está. Me aguanto las arcadas pensando en otras cosas. Me termino todo el bol. Brindamos con sake. Señor Li Chiao vuelve a gritar.

–¿Dónde quiere que le llevemos?

–A mi casa, por favor, estoy agotado –les doy la dirección. La intérprete se la traduce y el señor Li Chiao le da las instrucciones al chófer.

Nos damos un fuerte apretón de manos y me promete que nos cuidará y nos mimará al igual que a los actores, porque somos la esencia del proyecto.

Por fin en casa. Me derrumbo sobre el sofá, tengo náuseas pero no hallo fuerzas para levantarme en caso de que tenga que vomitar. Xoxanna ya ha llegado. Veo sus cosas desperdigadas por todos los lados; está dándose una ducha. Puedo oírlo. Cierro los ojos y veo grillos. ¿Se puede decir que todo va bien? Tan sólo tengo que acordarme de lo pactado acerca del guión. Tenemos tiempo. Entre los dos seguro que lo conseguimos, sólo tenemos que descansar un poco.

El puto teléfono vuelve a sonar.

–¿Cómo está mi ojito derecho? –es el Director de Cine.

–Con una resaca de la hostia, pero bien.

–Lo de ayer fue increíble, chaval. Xoxanna y tú os comisteis a todos. ¡Guau! Jamás pensaría que fueran a pasar por el aro con una propuesta semejante, pero tenéis algo, sí, lo tenéis, esa chica no sólo consigue cosas gratis si no que además también hace dinero. Es increíble, sois increíbles. Te estoy llamando desde mi número personal, es el que te apunté en la tarjeta ayer, antes de que te llevases al chino de putas. Va a pagar, ¿no?

–Dice que el sesenta y cinco por ciento de todo, sí.

–¡Uoooouuuuuuu! Casi no vamos a necesitar mendigar a las televisiones ni llorar a las cajas de ahorro. ¡Esto va a ser la hostia! Recuerda lo que pactamos ayer sobre el guión. Si lo haces todo irá bien, ¿ok?

–Claro, descuida.

–Jamás se me olvidará la noche de ayer, chaval. Fue increíble, cerrar un trato de semejantes características en una orgía, todos desnudos y dándole a todo. En fin, bendito el día en que conociste Twitter, chaval, bendito el día en que tu novia te hizo una cuenta y bendito el día en que me mandaste ese mensaje. Vamos a descansar unos días, ¿vale? Creo que lo necesitamos todos. Pronto seguiremos con esto. Ahora a dormir. Un fuerte abrazo. Gracias por haberos cruzado en mi camino, estaba a punto de dejarlo todo.

Cerramos el trato en una orgía… parece que algo empieza a cobrar forma dentro de mi cabeza… pero no, aún no tiene consistencia. Xoxanna sale de la ducha, desnuda.

–¡Cariño! –corre hacia mí. Menudo día… no sabía dónde estabas, no tenía batería… ¡menos mal que ya estás aquí.

Su cuerpo húmedo huele a frutas apetitosas. Nos besamos. Me quita la camiseta. Muerdo su cuello. Se levanta. Yo también. Me quita el pantalón y corremos hacia la cama.

Su cabello me hace cosquillas en el ombligo. Su lengua baja lentamente hacia… Algo pasa, el camino de saliva se ha interrumpido. Levanta la cabeza y me mira; está sonriendo. Tiene agarrada mi polla como una cantante primeriza que busca el botón de encendido en un micro inalámbrico.

–Cariño… tienes algo escrito aquí –dice. Y se ríe. Ya nada me sorprende hoy.

–¿En serio? –miro al techo– ¿y qué pone?

–Vosotros.

–¿Cómo?

–Vosotros.

–¿Eso es todo?

–Sí, no es como en el chiste, ya está dura.

Me incorporo. No entiendo nada. Intento verlo pero no tengo perspectiva. Voy hacia el espejo del armario. Sí, ahora con el reflejo lo veo claramente, por la parte de abajo pone: VOSOTROS. Me giro. Xoxanna está tumbada boca abajo y partiéndose la caja de risa. Me fijo en la parte baja de su espalda, en la zona lumbar. También tiene algo escrito. Me acerco. Pone claramente y en mayúsculas: ESCRIBE SOBRE. Me miro la polla. VOSOTROS. Miro su culo. ESCRIBE SOBRE. Esa es la puta clave, ese es el acuerdo confidencial que ayer se firmó con sudor, saliva, semen y flujos vaginales. Me abalanzo sobre Xoxanna, la cojo por la cintura y encajo las dos piezas del puzzle que faltaban. Ella aún no lo sabe, pero estoy seguro de que le gustará mucho.

ESCRIBE SOBRE VOSOTROS. ESCRIBE SOBRE VOSOTROS. ESCRIBE SOBRE VOSOTROS. ESCRIBE SOBRE VOSOTROS….

Por fin las piezas encajan. Y parece que nos gusta. Nos gusta mucho.

–¡Escribe sobre vosotros!

Grito entre jadeos, encajando una y otra vez las dos piezas que faltaban en este puzzle.

 

Continuará…

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