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Sólo tengo dos cervezas.

Sólo tengo dos cervezas. Me he sentado frente al ordenador. Son las 18:49 de un domingo de febrero.

Llueve y hace viento y ya casi es noche cerrada. Desde el salón abovedado donde escribo y bebo y de vez en cuando me lío un cigarrillo, las luces de la ciudad son como certeros golpes de vida.

Sólo tengo dos cervezas, así que antes de que tenga que bajar al chino de la esquina para comprar más, espero a que me salga algo lo suficientemente decente como para publicarlo en el blog.

El otro día escuché a un escritor super ventas decir que nunca se debe empezar un texto hablando del día que es y el tiempo que hace. “Eso son lugares comunes, conversaciones de ascensor”, decía el escritor con su tono de super ventas. Yo tampoco quiero hablar aquí de lugares comunes ni caer en conversaciones de ascensor, así que dejaré de hablar de escritores super ventas. Read More

Escribir es un acto de locura.

Escribir es un acto de locura.

No es egocentrismo. Poco tiene que ver con la entrega o con la sobre exposición de tus intimidades ante los demás. Quien afirme que se trata de una suerte de terapia en la que el firmante  intenta sanar sus heridas transformándolas en ficción, está muy equivocado. Y por favor, nada más alejado de la voluntad de confesar al lector sus pecados convirtiendo la lectura en una forma de redención.

En la escritura, tal y como yo la entiendo, no intervienen más factores que la mente lisiada del escritor y una pantalla de ordenador. Es la obligación de luchar con tus propios monstruos encerrándote en una habitación (tu mente) que juega a ocultarte la salida. El morbo de ver quién sale vivo de allí. La ansiedad de no saber si serás el mismo tras la contienda. La locura, sí, la de escribir, pero también la de dudar en todo momento si conseguiste salir a hombros y por la puerta grande o, si por el contrario, aún sigues atrapado.

Escribir es un acto de locura porque grapa los dos folios que componen tu mente, consciente y subconsciente, y los entrega formando parte del mismo informe. No es un acto voluntario, controlable, como conducir o cocinar. Read More

Esos nuevos poetas

Últimamente me he topado con varios artículos que versaban sobre el boom literario de los denominados “poetas de internet”. Unos nuevos poetas que, según lo que leí, son jóvenes y guapos y modernos y sobre todo poco poetas o menos poetas que los de antes, y que por mucho que hayan irrumpido con fuerza en el mercado literario, son “fuegos de paja o papel”. Todos los artículos se desnudaban muy pronto, sin dejar nada a la imaginación, todos tenían mucha prisa por dejar clara la conclusión final.

Cada vez que me acerco a alguien que habla de los denominados “poetas de internet” detecto una doble intencionalidad: por un lado, cierto afán de poner vallas al campo literario y, por otro, una necesidad intrínseca de definirse lejos o diferenciarse del objeto a tratar por una detallada lista de méritos propios. El emisor, a medida que desarrolla su argumentación, rellena el aire que queda entre sus frases con un cemento que viene a decir algo como:“eh, tío, que yo hablo de esto pero no soy como ellos, ¿vale? Estoy a años luz de esos niñatos que se creen que lo tienen todo hecho. Yo no tenía tuiter cuando publiqué por primera vez y tardé seis años en sacar un poemario”. Read More

Violencia psicológica

Puede que lo mío con la literatura se haya acabado para siempre. Me refiero a la parte del proceso creativo, no a las maravillosas tardes lluviosas de sofá y manta o a las cálidas mañanas de café y terraza. Sinceramente, pienso que escribir es la posibilidad de encontrarte con aquello que perdiste en la otra parte. ¿Sabes cuánto tiempo hace que no escribo algo de verdad? A lo mejor es que ya he encontrado todo, o puede que jamás perdiese nada, no lo sé. Lo que estás leyendo aquí es una mera ilusión. Sí, el escritor de vez en cuando se ve obligado a actuar como un mago, sobre todo para poder sobrellevar momentos como el que estoy pasando yo ahora.

Después de tres novelas publicadas, una cuarta que saldrá a la luz algún día, casi cuarenta relatos cortos, una web serie literaria de doce capítulos, participar en varías antologías y más de ciento veinte bolos a mis espaldas, parece que estoy por vez primera en dique seco. Ni si quiera encuentro inspiración para escribir algo decente en mi blog y me agobia la fecha límite de los textos que me comprometo a entregar para otras plataformas. Así que mejor ni hablamos de lo que supone para mi estabilidad psicológica organizar una modesta presentación de mi último libro.
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Borderline

Imagínate algún lugar de la parte sur de California. Vale.

Tengo unas terribles ganas de mear. Estoy en la terraza de un garito de mala muerte, llevo cinco pintas y setenta y seis páginas de una novela de Bukowski que en su día leí traducida, pero encajo mejor los puñetazos directos al hígado que destila en cada frase si los recibo en su idioma materno; además, es una extraña edición. La zona es tétrica y decadente, la gente auténtica y los bares, aún más. Tengo una cama, cuatro paredes y un techo a dos pasos de aquí.

Siento una gran bolsa de pis que me llega hasta el ombligo y me presiona el duodeno desde hace treinta y dos páginas. Por fin llego a un punto y aparte. Me levanto con toda la dignidad que me queda y entro tambaleándome en el bar con las manos por delante, como si anduviese a oscuras por un pasillo lleno de telarañas o con el mismo estilo del que es sorprendido por un huracán cuando baja a sacar la basura con su peor chandal.

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Gente sencilla

Hora punta en el metro. La gente sencilla sale de sus trabajos. Una señora viaja sentada en un asiento de los plegables y habla sola, ofreciendo pequeñas partes de su vida a las barbillas de los pasajeros que, aburridas, apuntan a las iluminadas pantallas de sus smartphones. “Menudo día llevo hoy, toda la tarde de un lado para otro. He tenido que dejar el ordenador en una tienda y luego he ido a comprar vainas a la otra punta de la ciudad”. Una chica sonríe ante un mensaje entrante. Un tipo trajeado repasa las cuatro noticias de última hora en un diario online. Un preadolescente sacrifica sus tímpanos al reguetón. Rutinas de la gente sencilla. “Las vainas son para mi hija que desde que se ha independizado no se alimenta bien y mañana viene a comer. Lo del ordenador es porque me gusta mucho jugar y lo rompo. Soy un desastre. ¡Ay, menudo día!”. Llevo observándola desde que he subido al vagón, tratando de averiguar, camuflado entre la multitud absorta, si en realidad se dirige a la mujer que tiene justo a su lado o, si por el contrario, es un monólogo rubricado por la soledad. Antes de llegar a mi destino compruebo que se trata de lo segundo. La gente sencilla está sola, y a la vez, harta de tratar con extraños.

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The Invitation

Ayer fue uno de esos domingos tontos y deliciosos en los que decidí entregarme al puro placer de viajar desde el sofá, primero a través de la literatura y después, subiéndome al tren del cine. De todo lo que mi espongiforme cerebro absorbió, os quiero hablar especialmente de una cinta: “The Invitation” (Karyn Kusama. 2015).

Me gusta acercarme al cine independiente americano, me llama la atención todo lo que huele a Sundance porque por ahí pasan muchas voces y miradas que ven y cuentan lo que está ahí como ningún otro. Como espectador / lector / individuo me atrae la decadente y entrópica situación que atraviesa el ser humano en estos tiempos. Por desgracia tenemos que enfrentarnos a los mismos marrones que nuestros ancestros: la soledad, el duelo, el amor… Jamás hemos estado tan armados para la batalla y a la vez, tan indefensos.

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Ahí dentro no hay nadie

Mi nombre es ****** ********. Nací el 19 de Septiembre de 1972, hoy es lunes 9 de diciembre de 2013 y he almorzado lenguado meuniere a las 13:32 en el bar de enfrente de la gasolinera en la que trabajo diez horas al día, de lunes a sábado, desde hace seis años. Estaba jugoso. El color de la hierba es el verde y el del mar, el azul. Perro: Mamífero doméstico de la familia de los Cánidos, de tamaño, forma y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre. Dícese también de una persona despreciable. Hoy, como todos los días a la misma hora, le he vuelto a ver.”

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TBD. Bolo nº 23: Ferias y más ferias.

Tardes de bohemia y desilusión.

Una ficha de autor narrada.

Tras Sant Jordi vinieron más y, a su vez, otra novela y nuevos circuitos de presentación. Todo esto que te cuento, es anterior a que existiese “mandy-candy.com”. Madrid, en el retiro, Bilbao, en el Arenal (llovía), Durango, Donosti… Tan sólo cambiaba la ubicación y la caseta. Conocías a gente, sí; vendías algo, a veces; pero la interacción estaba cortada por un mostrador que me impedía ser yo mismo. Durante esa época comenzaron a llegarme las primeras reacciones de los lectores, eso me animó bastante. Buenas o malas, significaba que lo que hacía era real. Te juro que a veces llegaba a pensar que no.

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TBD. Bolo nº 92: En un colegio de monjas.

Tardes de bohemia y desilusión.

Una ficha de autor narrada.

Por aquellos entonces yo ya lo había dejado con la poesía, quiero decir, seguíamos viéndonos, pero nuestra relación era meramente platónica: sólo la leía. Sobre los escenarios me sentía más cómodo interpretando una nueva faceta que había descubierto gracias a Diletante, y que surgió por mera inercia, a base de participar juntos en los shows. Era algo cómico, caótico, desordenado, canalla… algo fascinante; libre. Dejar de hablar de cositas que tienes dentro y que nadie entiende porque son cositas que tienes dentro y que tú tampoco sabes explicar para pasar a ser alguien totalmente nuevo, el que te de la gana, siempre que quieras. La puta bomba.

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