Hola, ¿qué tal? Yo aquí de nuevo, con mis cosas.

Hoy es domingo, 19 de febrero, son las 17:55 y me siento raro.

Ni bien ni mal, sino raro.

No es porque te llame y no me cojas el teléfono, o porque sea domingo y no sople sobre mi frente ni una brizna de resaca.

No creo que sea porque he regresado a los estudios tras varios años. Por mucho que me haya descubierto tiernamente ridículo sentado a la mesa de mi salón, subrayador fosforito en mano y con la mente distraída saltando del Real Decreto Ley 13/2010 a tus tuits, de los diferentes niveles de intervención socio laboral a tu nuevo corte de pelo en Instagram, o de la última vez que nos saludamos a mordiscos sobre el sofá a me voy a hacer otro café a ver si me concentro de una puta vez ya; lo siento, pero no creo que sea por nada de eso.

Me resulta extraño escribir sobre estas cosas. Soy de entregar mi creatividad a la ficción, pero ésta anda de capa caída y sólo tengo realidad.

Quizá sea porque es febrero, mes fugaz; hijo único, zurdo y pelirrojo.

Quizá sea porque no oigo bien por el oído izquierdo; quién sabe por dónde le susurran a uno las ideas más interesantes.

Hoy me he hecho para comer anchoas albardadas y después he visto una película española que me ha gustado mucho y de la que Carlos Boyero ha hablado bien. Puede que sea por eso.

O puede que sea porque hoy he soñado tres o cuatro cosas que me habían sucedido de verdad en la vida real.

Aunque si lo pienso bien… No, no creo que sea por nada de eso.

Disculpa este rato de silencio, he ido a por otra cerveza y me he liado un cigarrillo. Sé que notas estos momentos de vacío en mis textos mejor que yo.

Hay días en los que tengo la piel muy fina. El nuevo anuncio de ING Direct en el que se prostituye un texto de Oliverio Girondo me dejó sin rumbo un par de tardes.

Hay días en los que no tengo piel porque pienso que te la llevaste sin darte cuenta.

Hay días en los que creo tener fiebre pero luego se me olvida.

Hay días que y días que también.

Hay días en los que se me olvida comprar café y todo huele final mal resuelto.

Hay días en los que me odio con holgura y otros en los que arreglo las bisagras.

Hay días así y también días como los de hoy, en los que estoy plenamente convencido de que si me siento raro, no es por nada de eso.

(Fotografía de Sally Mann)

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