Posts tagged California

Universo Hank. Sube.

 

Hola, me llamo Hank y hace años sufrí un accidente cuando trabajaba como repartidor para UPS. Perdí dos dedos del pie izquierdo, concretamente los dos que crecen junto al pequeño, pero las lesiones no me impiden hacer vida normal. Es más, me atrevo a decir que la única secuela que me ha quedado es que mi vida ha mejorado considerablemente desde que perdí el control del camión que conducía y éste se salió de la calzada. Aquel día los envíos no llegaron a su hora, y a su vez, mi vida dio un giro radical hacia mejor. En el accidente, afortunadamente, no se vieron implicados más conductores y aunque fue leve, por unos segundos vi la muerte de cerca. Cubría la zona que va de Oxnard a Santa Bárbara. Vivo a medio trayecto, en un pueblo tranquilo y costero que se llama Ventura. Te sorprenderá saber que los repartidores que realizan rutas cortas, como era mi caso, conducen camiones que no tienen puertas, pero créeme si te digo que en días de mucho calor eso es algo que se agradece. El asiento del conductor está ubicado en medio de la cabina y los cinturones de seguridad son muy incómodos, ya que caen sobre los hombros al estilo de las sujeciones que tienen las banquetas de una montaña rusa. Odiaba ponerme esos malditos cinturones. A menudo, haciendo gala de mi imprudencia, viajaba sin ellos. ¿Qué me podía ocurrir en un trayecto que era capaz de recorrer con los ojos cerrados y cuyo límite de velocidad eran ochenta kilómetros por hora? En resumidas cuentas, salí disparado por el lado derecho con la mala suerte de que se me quedó el pie enganchado bajo el pedal del freno, amputándome dos dedos. ¿He mencionado que acostumbraba a conducir descalzo?
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La Pálida Riquita y la lavandería de Mum.

He consumido todo mi tiempo en esta ciudad de palmeras raquíticas que juegan a las cosquillas con la barriga del cielo. Tengo la pasta justa para la colada y para las latas de cerveza que descansan junto a mis pies, dorándose al sol de una California dormida que ha dado la espalda a sus papás y a sus mamás. Mis posesiones se resumen en una bolsa de plástico con agujeros, cuatro trapos sucios dando vueltas en un tambor lleno de agua mezclada con detergente sin cloro, cinco cervezas Coors de las largas y la libreta donde siempre apunto mis mierdas. Perdón, Philip K. Dick, también te tengo a ti y a tu “The man whose teeth were are exactly alike” cerrado y sudando sobre mi regazo.

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