Posts tagged cuento

Ahí dentro no hay nadie

Mi nombre es ****** ********. Nací el 19 de Septiembre de 1972, hoy es lunes 9 de diciembre de 2013 y he almorzado lenguado meuniere a las 13:32 en el bar de enfrente de la gasolinera en la que trabajo diez horas al día, de lunes a sábado, desde hace seis años. Estaba jugoso. El color de la hierba es el verde y el del mar, el azul. Perro: Mamífero doméstico de la familia de los Cánidos, de tamaño, forma y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre. Dícese también de una persona despreciable. Hoy, como todos los días a la misma hora, le he vuelto a ver.”

Read More

Naia

Tiene siete años y su momento preferido del día sucede ahora mismo: el paseo en bicicleta que da con su padre en el asiento supletorio trasero, camino de la tienda. El otoño en la costa aún muestra su cara más dulce; los autóctonos lo llaman “verano sin turistas”. El mar ronronea satisfecho de acoger a sus vecinos en una orilla sin banderas. Naia se siente especial, abrazada a la espalda de su padre, disfrutando de todo lo que hace más presente el cálido contacto: los baches, los giros de cuello, los saludos levantando una mano del manillar… Le encanta sentir la vibración que sobre sus carrillos se transfiere a cada “Aúpa” o “Buenos días”. Suele aprovechar para adivinar a quién puede estar saludando mientras intenta no quedarse dormida de puro gusto. Con los ojos cerrados, trata de adivinar el mundo a través de los otros cuatro sentidos: el recorrido, el clima, el estado de la mar, la velocidad a la que van… se lo toma como una especie de entrenamiento. Read More

En todas las ventanas.

Hoy se cumple un año de mi torpe llegada a esta ciudad suturada por puentes en torno a la húmeda llaga del río Errobi. Me cautivaron al instante las casitas apiladas del casco antiguo que, aunque con la madera ajada en sus contra ventanas, parecen competir orgullosamente entre ellas por ser las más vistosas. Y su gente guapa, fina y con aire sofisticado a la que tan bien le sienta ser europea… Sentados en la hierba de un parque dejando el tiempo pasar, no parece que estén perdiendo el tiempo; no sé cómo lo hacen, es algo intrínseco.

Recuerdo el regusto a pistacho amargo que atravesó mi campanilla aquella tarde de mayo cuando sentí que tal vez aquí, las parejas se amen más que en otras partes. Amargo, verde rabioso y amargo es el pistacho; como amarga es la sensación de verte aún en todas la ventanas.

Read More

El túnel

Vive en un pueblecito pesquero en el que nunca pasa nada. Quizá hayas visto ese pueblo dibujado sobre lienzo y colgado en la pared de algún restaurante de mariscos en otro pueblo parecido a éste. En otoño, con las mareas vivas, el puerto se seca dejando ver sus fondos arenosos. A ella le encanta contemplar los reflejos púrpura que el aceite de los barcos deja en la superficie del agua. Le recuerdan a las camisetas que llevaba su madre cuando era pequeña. Se pone triste cuando el puerto se seca; como si por ello también lo hiciese el recuerdo de su madre. Más allá, la carretera se extiende unas decenas de metros y se acaba, como en el decorado de los belenes navideños, en un túnel sin talento. Nunca ha visto lo que hay detrás de esa curva que gira a la izquierda y que sume en la negrura a todos los coches transportándolos al más allá.

Read More

El día en el que la ciudad no despertó

Es lunes, 3 de octubre de 2016 a las siete y doce minutos de la mañana; la noche aún puede sobre el día. Los semáforos, ciegos a la vacuidad de las calles, organizan un tráfico invisible. Frías ráfagas de viento se saltan los ceda el paso. Una paloma, recogida y abultada en un alféizar, es testigo mudo del violento silencio que se arremolina en las esquinas. Tras el ave se erige un ventanal y a través del grueso cristal se percibe el ronco aviso de un despertador que hoy no será silenciado. Porque esta mañana, sin la censura del durmiente, todas las alarmas proclaman al mundo lo que valen en una alharaca de timbres y pitos que sacude la quietud de las habitaciones. Hoy no habrá jefe al que acudir con una acalorada disculpa, ni buses, ni trenes, ni aviones que perder, porque hoy, es el día en el que la ciudad no va a despertar. Pronto las farolas se apagarán en un parpadeo imperceptible para nadie. Las bocas no bostezarán, los brazos no se estirarán, los amantes que aún queden no se abrazarán para ser conscientes de sus cuerpos durante dos minutitos más. No olerá a café, ni habrá noticias.

Read More

Lejos de mi casa.

Lejos de mi casa.

Un bar(rio) en obras. Sobre la estantería una botella de Marie Brizard cubierta de polvo. Televisión de tubos catódicos estancada en lo que toca. Grasa sobre la actualidad. Un paraíso donde los ancianos callan y beben y tal vez un gesto (mínimo) pueda mearse sobre décadas de sabiduría. Un oasis perfecto para beber solo. Una isla donde me creo roca. La camarera grita sobre las vacaciones que no va a poder disfrutar en los lagos de Covadonga; el crío ha pillado fiebre y Richi está enfadado. Serrín pisado por mil madres en el baño. Un perro ladra tras alguna esquina, lejos de mi casa. Aún no he llorado.

Pon aquí la fecha.

Sopa de garbanzos para comer.

 

—Estoy hasta las narices del temita catalán —dice el padre.

El telediario recita su mantra habitual, un sesgado conjunto de noticias que han visto la luz hace seis horas en las redes sociales, pero ni una palabra sobre la cruda situación de los mineros en la zona del Bierzo. Terremoto en Pakistán; ocho mil quinientos desaparecidos. Roce de cucharas contra el plato, sonido acuoso y sorbos; sopa de garbanzos para comer.

—Hay un meme cojonudo de Artur Mas que lleva circulando toda la mañana, mirad —comenta la hija: veinticinco años, periodista en paro. Pasa el dedo sobre su Smartphone y enseña la foto a sus padres. Pequeñas risas. Vuelta al plato. Sopa de garbanzos para comer en un martes nublado de diciembre.

—¿Alguna novedad? —pregunta el padre, y en la mente de la joven se dibuja inmediatamente el hashtag #frasesqueasustan.
Read More

Un martes, sobre las once.

Si hay algo que le jode aún más que ir a la consulta de su psicólogo es notar que sus carnes lo piden a gritos… Eso es una concesión muy dolorosa. Las tablillas de la faldita de su uniforme escolar patean el aire con furia escocesa. Las pecas de sus mejillas se humedecen por la urgencia. Es martes, sobre las once, y el suelo de la ciudad está lleno de bolitas blancas de polen que juegan a ser nieve que provoca estornudos. El viento tibio las arremolina… Ella odia de veras esas putas bolitas que le hacen parecer más sofocada aún de lo que está. “Si no me atiendes ahora mismo me suicido en mitad de clase de historia y dejaré una nota diciendo que tú eres el responsable”, ese es el mensaje que le ha mandado a su psicólogo minutos antes de que el timbre rajara el suelo y acabase el tormento del recreo.

Read More

La Pálida Riquita y la lavandería de Mum.

He consumido todo mi tiempo en esta ciudad de palmeras raquíticas que juegan a las cosquillas con la barriga del cielo. Tengo la pasta justa para la colada y para las latas de cerveza que descansan junto a mis pies, dorándose al sol de una California dormida que ha dado la espalda a sus papás y a sus mamás. Mis posesiones se resumen en una bolsa de plástico con agujeros, cuatro trapos sucios dando vueltas en un tambor lleno de agua mezclada con detergente sin cloro, cinco cervezas Coors de las largas y la libreta donde siempre apunto mis mierdas. Perdón, Philip K. Dick, también te tengo a ti y a tu “The man whose teeth were are exactly alike” cerrado y sudando sobre mi regazo.

Read More

El escritor y la actriz, eso decían todos.

Había ido a verte al teatro, era jueves y llovía en la ciudad. Interpretabas a Eugenia en una adaptación de Niebla, de Miguel de Unamuno. Recuerdo cómo me impresionó verte pasar junto a mi butaca ––que daba al pasillo–– tan metida en el papel que parecías otra. Llevábamos poco saliendo. El escritor y la actriz, decían todos.

Read More