Posts tagged prosa

La chica con la cara más pequeña que he visto en mi vida.

Lo reconozco, llevo demasiado tiempo hablando y hace mucho calor. La ración de ensaladilla rusa del expositor de tapas del bar tiene una mosca muerta dentro. Probablemente el dueño la haya dejado ahí para dar un mensaje a las demás. Fran, frente a mí, deja que su mirada se pierda en algún punto por encima de mi hombro derecho.

Fran es mi editor, amigo, agente, publicista y sufridor. Estamos en Madrid, y la presentación de mi novela ha transcurrido por debajo de unas (quizá demasiado) altas expectativas forjadas en la mente de dos chicos de provincia. Gastos notablemente por encima de ingresos. Público mediano, aunque entregado. Algún librero conocido que al final no ha asistido pero que nos ha dejado su tarjeta por mediación de otra persona. Promesas blandas, alcohol y noche tropical. Pero lo que importa ahora es que estoy llegando al clímax de mi exposición. Intento hacerle ver que la literatura debe de ser la máxima expresión de la sencillez. Read More

Centenarios

Es un plaza de un barrio degradado. Las calles que la rodean, a diferencia de los viandantes, conocieron tiempos mejores. En mitad del cemento, aburrido, florece un cerezo a destiempo. Un barrendero que luce con desgana colores fosforitos recoge pétalos del suelo, y el árido sonido de su escoba marca el compás de una mañana de primavera. En un banco, una anciana acompañada quizás por su hijo, comparte el eterno silencio de los que ya nada se tienen que decir y tan sólo esperan. En otro, un senegalés habla a gritos en wólof por Skype. Sobre el podio central de piedra fría que tiene dibujado a tiza un arcoíris que resiste al clima, dos chicas adolescentes con velo pasan el dedo por sus smartphones y ríen de vez en cuando. El lugar es punto de reunión para vecinos, ya que ofrece una débil red wifi abierta a un público con poco que contar, puesto que aquí, lo que sucede, sale en las páginas feas del periódico.
Read More

Esos nuevos poetas

Últimamente me he topado con varios artículos que versaban sobre el boom literario de los denominados “poetas de internet”. Unos nuevos poetas que, según lo que leí, son jóvenes y guapos y modernos y sobre todo poco poetas o menos poetas que los de antes, y que por mucho que hayan irrumpido con fuerza en el mercado literario, son “fuegos de paja o papel”. Todos los artículos se desnudaban muy pronto, sin dejar nada a la imaginación, todos tenían mucha prisa por dejar clara la conclusión final.

Cada vez que me acerco a alguien que habla de los denominados “poetas de internet” detecto una doble intencionalidad: por un lado, cierto afán de poner vallas al campo literario y, por otro, una necesidad intrínseca de definirse lejos o diferenciarse del objeto a tratar por una detallada lista de méritos propios. El emisor, a medida que desarrolla su argumentación, rellena el aire que queda entre sus frases con un cemento que viene a decir algo como:“eh, tío, que yo hablo de esto pero no soy como ellos, ¿vale? Estoy a años luz de esos niñatos que se creen que lo tienen todo hecho. Yo no tenía tuiter cuando publiqué por primera vez y tardé seis años en sacar un poemario”. Read More

Gente sencilla

Hora punta en el metro. La gente sencilla sale de sus trabajos. Una señora viaja sentada en un asiento de los plegables y habla sola, ofreciendo pequeñas partes de su vida a las barbillas de los pasajeros que, aburridas, apuntan a las iluminadas pantallas de sus smartphones. “Menudo día llevo hoy, toda la tarde de un lado para otro. He tenido que dejar el ordenador en una tienda y luego he ido a comprar vainas a la otra punta de la ciudad”. Una chica sonríe ante un mensaje entrante. Un tipo trajeado repasa las cuatro noticias de última hora en un diario online. Un preadolescente sacrifica sus tímpanos al reguetón. Rutinas de la gente sencilla. “Las vainas son para mi hija que desde que se ha independizado no se alimenta bien y mañana viene a comer. Lo del ordenador es porque me gusta mucho jugar y lo rompo. Soy un desastre. ¡Ay, menudo día!”. Llevo observándola desde que he subido al vagón, tratando de averiguar, camuflado entre la multitud absorta, si en realidad se dirige a la mujer que tiene justo a su lado o, si por el contrario, es un monólogo rubricado por la soledad. Antes de llegar a mi destino compruebo que se trata de lo segundo. La gente sencilla está sola, y a la vez, harta de tratar con extraños.

Read More

Ahí dentro no hay nadie

Mi nombre es ****** ********. Nací el 19 de Septiembre de 1972, hoy es lunes 9 de diciembre de 2013 y he almorzado lenguado meuniere a las 13:32 en el bar de enfrente de la gasolinera en la que trabajo diez horas al día, de lunes a sábado, desde hace seis años. Estaba jugoso. El color de la hierba es el verde y el del mar, el azul. Perro: Mamífero doméstico de la familia de los Cánidos, de tamaño, forma y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre. Dícese también de una persona despreciable. Hoy, como todos los días a la misma hora, le he vuelto a ver.”

Read More

TBD. Bolo nº 23: Ferias y más ferias.

Tardes de bohemia y desilusión.

Una ficha de autor narrada.

Tras Sant Jordi vinieron más y, a su vez, otra novela y nuevos circuitos de presentación. Todo esto que te cuento, es anterior a que existiese “mandy-candy.com”. Madrid, en el retiro, Bilbao, en el Arenal (llovía), Durango, Donosti… Tan sólo cambiaba la ubicación y la caseta. Conocías a gente, sí; vendías algo, a veces; pero la interacción estaba cortada por un mostrador que me impedía ser yo mismo. Durante esa época comenzaron a llegarme las primeras reacciones de los lectores, eso me animó bastante. Buenas o malas, significaba que lo que hacía era real. Te juro que a veces llegaba a pensar que no.

Read More

TBD. Bolo nº 92: En un colegio de monjas.

Tardes de bohemia y desilusión.

Una ficha de autor narrada.

Por aquellos entonces yo ya lo había dejado con la poesía, quiero decir, seguíamos viéndonos, pero nuestra relación era meramente platónica: sólo la leía. Sobre los escenarios me sentía más cómodo interpretando una nueva faceta que había descubierto gracias a Diletante, y que surgió por mera inercia, a base de participar juntos en los shows. Era algo cómico, caótico, desordenado, canalla… algo fascinante; libre. Dejar de hablar de cositas que tienes dentro y que nadie entiende porque son cositas que tienes dentro y que tú tampoco sabes explicar para pasar a ser alguien totalmente nuevo, el que te de la gana, siempre que quieras. La puta bomba.

Read More

Naia

Tiene siete años y su momento preferido del día sucede ahora mismo: el paseo en bicicleta que da con su padre en el asiento supletorio trasero, camino de la tienda. El otoño en la costa aún muestra su cara más dulce; los autóctonos lo llaman “verano sin turistas”. El mar ronronea satisfecho de acoger a sus vecinos en una orilla sin banderas. Naia se siente especial, abrazada a la espalda de su padre, disfrutando de todo lo que hace más presente el cálido contacto: los baches, los giros de cuello, los saludos levantando una mano del manillar… Le encanta sentir la vibración que sobre sus carrillos se transfiere a cada “Aúpa” o “Buenos días”. Suele aprovechar para adivinar a quién puede estar saludando mientras intenta no quedarse dormida de puro gusto. Con los ojos cerrados, trata de adivinar el mundo a través de los otros cuatro sentidos: el recorrido, el clima, el estado de la mar, la velocidad a la que van… se lo toma como una especie de entrenamiento. Read More

En todas las ventanas.

Hoy se cumple un año de mi torpe llegada a esta ciudad suturada por puentes en torno a la húmeda llaga del río Errobi. Me cautivaron al instante las casitas apiladas del casco antiguo que, aunque con la madera ajada en sus contra ventanas, parecen competir orgullosamente entre ellas por ser las más vistosas. Y su gente guapa, fina y con aire sofisticado a la que tan bien le sienta ser europea… Sentados en la hierba de un parque dejando el tiempo pasar, no parece que estén perdiendo el tiempo; no sé cómo lo hacen, es algo intrínseco.

Recuerdo el regusto a pistacho amargo que atravesó mi campanilla aquella tarde de mayo cuando sentí que tal vez aquí, las parejas se amen más que en otras partes. Amargo, verde rabioso y amargo es el pistacho; como amarga es la sensación de verte aún en todas la ventanas.

Read More

El túnel

Vive en un pueblecito pesquero en el que nunca pasa nada. Quizá hayas visto ese pueblo dibujado sobre lienzo y colgado en la pared de algún restaurante de mariscos en otro pueblo parecido a éste. En otoño, con las mareas vivas, el puerto se seca dejando ver sus fondos arenosos. A ella le encanta contemplar los reflejos púrpura que el aceite de los barcos deja en la superficie del agua. Le recuerdan a las camisetas que llevaba su madre cuando era pequeña. Se pone triste cuando el puerto se seca; como si por ello también lo hiciese el recuerdo de su madre. Más allá, la carretera se extiende unas decenas de metros y se acaba, como en el decorado de los belenes navideños, en un túnel sin talento. Nunca ha visto lo que hay detrás de esa curva que gira a la izquierda y que sume en la negrura a todos los coches transportándolos al más allá.

Read More