Posts tagged relato corto

1×09. El pájaro Larry.

 

Algo raro pasa con el tiempo. No me refiero a que haga calor en febrero y todo eso, no. Es como si los minutos fuesen un lugar que te pone triste, como esas avenidas desiertas llenas de remolinos de hojas secas y bolsas de plástico que giran a merced de su propia soledad. Nuestro hogar, cuatro paredes; el silencio de una casa enfadada y Xoxanna durmiendo. Lleva en la misma posición veintisiete horas y media. Casi me he acostumbrado a esta nueva situación. Yo divago y me pongo nervioso y no arranco a escribir porque pienso en fisgar su móvil. Mientras, ella respira con la suavidad del polen posándose sobre el alféizar de una ventana. Esos mensajes… ¿qué dirán? La marca que tengo en el muslo izquierdo, cuatro puntos negros con la separación exacta de las púas de un tenedor, me recuerda que su móvil no se toca desde aquel día en el que ella se estaba comiendo una tortilla francesa y yo extendí la mano para alcanzárselo porque me pareció muy ocupada.
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1×08. Canicas húmedas.

INTRODUCCIÓN

 

Hola. Te hablo a ti porque no puedo hacerlo con nadie más. Tengo que contarte algo.

Ahorrémonos las presentaciones, por favor. Las odio. Vayamos al grano. 

Me encantan los aguacates. Muchos dicen que no saben a nada, pero lo primero que hacen cuando entran a un restaurante mexicano es pedir guacamole. 

La gente es imbécil. Afortunadamente la sociedad respeta mi opinión y me regala el placer de permanecer en un segundo plano. 

Soy invisible para las personas; es como tener un super poder. Puede que me cruce contigo todos los días, pero tú irás a lo tuyo y yo a lo mío; así que todo arreglado. No le des más vueltas, no te atrevas.  

Cuando era más joven me gustaba pasear solo y observar a la gente. Me sentaba en un banco y dejaba la vida correr, como cuando te vas a servir un vaso de agua en verano y abres el grifo y haces que mane para que salga más fresca. Había tantas cosas que no entendía… Por eso abría el grifo y me sentaba en un banco a observar. Era la única forma de verlo todo claro. 
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1×07. Esa sí que ha sido buena.

Estoy algo preocupado. Bueno, “algo” no sería el término adecuado.

Da igual, no sé cómo transmitir correctamente el grado de mi alarma, así que no perderé el tiempo divagando.

Xoxanna lleva varios días comportándose de forma extraña. Yo también. El mundo entero.

Me cuesta escribir; eso es algo obvio. Soy consciente de mi propia sequía.

Desde aquel día en que salimos a beber los cuatro todo ha cambiado. Es como si hubieran pasado años, y fue… ¿Hace cuánto? ¿Dos o tres semanas? El punto de inflexión no fue el asalto a la casa de los frikis del porno. Que aquellos pobres diablos fueran torturados delante de mis ojos para que eliminaran por completo el rastro del vídeo de la Hija del Director chupándosela a dos negros con máscara me impactó, pero mi pesar es por Xoxanna, por cómo ha cambiado desde que acude a esas clases de interpretación. Cuando llega a casa no es capaz ni de quitarse los zapatos. Se tira en la cama y se queda dormida. Los horarios varían de un día para otro. Read More

1×06. Cosas que un padre no puede tolerar.

 

INTRODUCCIÓN

Cambio de tercio.

 

¿Conocéis el concepto resaca vergonzante? No tenéis por qué. Me lo inventé hace tiempo y no puse mucho empeño en su difusión; además, creo que no hace falta ser filólogo para deducir su significado. Pues bien, hace tiempo que la ciudad entera parece estar afectada por una resaca vergonzante. Las fachadas de las casas, despeinadas y sudorosas, bajan la vista entornando las persianas a mi paso. La acera se siente obesa y cree que todo a su alrededor es basura; padece embotamiento nervioso.

Voy a dejar de decir estupideces. Algo grave y que me incumbe ocurrió en algún momento. Lo saben hasta los árboles pelados de la avenida; con su irrisorio temblor me lo advierten.
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1×05. La fiesta.

 

–¡Dónde estás! ¿Qué ha pasado? ¿Qué día es hoy? Joder, me he despertado en un sofá y un chihuahua se estaba puto follando mi brazo. ¿Me lo puedes explicar?

–Son demasiadas preguntas, Xoxanna, yo también tengo unas cuantas sin contestar ahora mismo.

La cabeza me va a estallar. Es como si me hubiera pasado un autobús por encima de la espalda. La llamada de Xoxanna me ha despertado. Estoy en un banco, en un parque. El cielo cae tímido sobre mis hombros, como si no quisiera asustarme.

–¿No vas a decir nada? ¡Huelo a polla de perro pequeño! ¡No te rías!

Cuando Xoxanna me grita “no te rías” estando muy enfadada automáticamente estallo en carcajadas. No lo puedo evitar y, como si fuese un castigo impuesto por ella, al ritmo de mi risa le acompañan dos globos de dolor alojados en mis sienes que se hinchan para joderme. Cuanto más me río más me duele la cabeza y más se enfada ella. No se dónde estoy ni por qué he acabado aquí, y por si fuese poco, el perro de un pijo que probablemente tenga perfil en Pinterest ha violado el brazo de Xoxanna. La cosa tiene gracia, joder. Xoxanna odia los perros; aún más a los chihuahuas. En el fondo le encantaría tener uno, estoy convencido de que es por eso. Read More

1×04. Ellos serán tus negros.

 

INTRODUCCIÓN.

 

Un plató de televisión hace casi tres años. Un joven actor, la revelación de turno. Ahora da igual su cara, pero entonces nadie lo dudaba: era el Actor Perfecto. Había firmado el contrato ideal en el momento adecuado y su mentor, El Director de Cine, sentado a su lado en el mismo sillón, lo miraba como si éste fuese su posesión más preciada. Frente a ellos, el más famoso de los presentadores.

La película había batido récords de taquilla; todo un hito en la historia del cine español. Prácticamente al inicio de la entrevista y tras una desenfadada introducción que dejaba claro lo mucho de moda que estaban los invitados del día, el presentador preguntó a la joven promesa: “Has pasado de actuar en bares haciendo monólogos y de que te conocieran más que nada por el boca a boca, a tener una cuenta  de twitter con más de doscientos mil seguidores, ¿cómo se lleva eso?” El Actor Perfecto, como si de pronto hubiera sido alcanzado por una gripe, palideció, comenzó a sudar, incluso a tiritar levemente y finalmente contestó: “Mal, muy mal”. El entrevistador, creyéndose consciente del motivo de la respuesta, añadió: “Asusta, ¿es por eso, no?” Y se fijó en las gotas de sudor que perlaban su frente. Entonces, el Actor Perfecto, como si estuviese confesando la mayor de sus vergüenzas, concretó con sinceridad: “No, porque son pocos. Porque son muy pocos”. Y rompió a llorar. Read More

La chica con la cara más pequeña que he visto en mi vida.

Lo reconozco, llevo demasiado tiempo hablando y hace mucho calor. La ración de ensaladilla rusa del expositor de tapas del bar tiene una mosca muerta dentro. Probablemente el dueño la haya dejado ahí para dar un mensaje a las demás. Fran, frente a mí, deja que su mirada se pierda en algún punto por encima de mi hombro derecho.

Fran es mi editor, amigo, agente, publicista y sufridor. Estamos en Madrid, y la presentación de mi novela ha transcurrido por debajo de unas (quizá demasiado) altas expectativas forjadas en la mente de dos chicos de provincia. Gastos notablemente por encima de ingresos. Público mediano, aunque entregado. Algún librero conocido que al final no ha asistido pero que nos ha dejado su tarjeta por mediación de otra persona. Promesas blandas, alcohol y noche tropical. Pero lo que importa ahora es que estoy llegando al clímax de mi exposición. Intento hacerle ver que la literatura debe de ser la máxima expresión de la sencillez. Read More

Giro de guión

Abre los ojos y al instante, ya sabe lo que será de él hasta que vuelva a cerrarlos. Eso es un hecho que desde hace tiempo, quizá demasiado, lo perturba. No hay diferencia alguna en sus días. Nada más despertarse la sensación de hastío es muy fuerte, pero luego, como si de un sueño cualquiera se tratase, se va difuminando a medida en que sus actos, involuntarios, le entregan a la rutina.

Dos trajes, cuatro camisas, tres corbatas y dos pares de zapatos exactamente iguales, definen su semana laboral. Ensalada los lunes, pescado los martes, carne con verduras los miércoles, legumbres los jueves y comida china los viernes. Los sábados por la mañana sale a pasear y por la tarde, lee novelas negras. El domingo por la mañana va al gimnasio y por la tarde, ve alguna que otra película. Soltero. Sin hijos. Vive solo. Cuarenta y seis años. Sus vecinos y compañeros de trabajo lo definirían como una persona normal.
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Bell

Conocí a Bell en un bar de carretera, hace unos meses. Entré porque me pareció un lugar perfecto para beber solo, pero ella estaba allí como recién llegada de un sitio lejano; sus caderas posadas sobre un taburete como dos nubes de agosto. Me fascinan las mujeres que beben solas en la barra de los bares, son como una eterna pregunta que juega a esconderse de toda contestación, y sin lugar a dudas, yo caí de lleno en el juego. Lo más peligroso de Bell, a parte de sus labios y sus piernas y sus tejanos rotos, era la facilidad con la que convertía cualquier cosa en una buena idea.
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Gente sencilla

Hora punta en el metro. La gente sencilla sale de sus trabajos. Una señora viaja sentada en un asiento de los plegables y habla sola, ofreciendo pequeñas partes de su vida a las barbillas de los pasajeros que, aburridas, apuntan a las iluminadas pantallas de sus smartphones. “Menudo día llevo hoy, toda la tarde de un lado para otro. He tenido que dejar el ordenador en una tienda y luego he ido a comprar vainas a la otra punta de la ciudad”. Una chica sonríe ante un mensaje entrante. Un tipo trajeado repasa las cuatro noticias de última hora en un diario online. Un preadolescente sacrifica sus tímpanos al reguetón. Rutinas de la gente sencilla. “Las vainas son para mi hija que desde que se ha independizado no se alimenta bien y mañana viene a comer. Lo del ordenador es porque me gusta mucho jugar y lo rompo. Soy un desastre. ¡Ay, menudo día!”. Llevo observándola desde que he subido al vagón, tratando de averiguar, camuflado entre la multitud absorta, si en realidad se dirige a la mujer que tiene justo a su lado o, si por el contrario, es un monólogo rubricado por la soledad. Antes de llegar a mi destino compruebo que se trata de lo segundo. La gente sencilla está sola, y a la vez, harta de tratar con extraños.

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