Posts tagged relatos cortos

1x11x12. Mad House. (FINAL).

 

MAD HOUSE.

 

Hemos venido aquí a morir. Cual refugiados, esperamos a que la mansión se reduzca a escombros en cualquier momento. Así lo siento. Ya estamos todos; la última en llegar ha sido Almudena. Se ha sentado a mi lado, me ha cogido la pierna, nos hemos mirado y nos hemos puesto cara de carne; en persona parece más menguada. Luego me ha dicho algo con su acento granadino y nos hemos dado un abrazo. Xoxanna me evita de una forma cruel; con su actitud me hace sentir que el más mínimo vínculo que podría existir entre nosotros se ha extinguido para siempre. Cualquier gesto suyo hacia un tercero desprende más afecto que su indiferencia hacia mí.
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1×10. Electricidad. El día en que conocí Twitter

 

He tirado el pájaro, la caja y también la tarjeta al cubo de la basura que hay bajo el fregadero, he tirado hasta el resguardo de entrega del paquete; quiero borrar por completo el rastro de la amenaza para que Xoxanna no se asuste aún más si cabe… Es una maniobra absurda, lo sé; la realidad seguirá siendo la misma por mucho que elimine las pruebas, pero ya pensaré más adelante en qué coño hacer con el amante de las aves y con el (o la) que le manda mensajes a Xoxanna. Lo primero que debo hacer es crear una atmósfera de calma para poder arreglar lo nuestro.

Bueno, lo primero que debería de haber hecho es prestar atención a lo que le pasa, pero confío en que juntos saldremos adelante con todo, como en los buenos tiempos. Madre mía, qué felices y despreocupados éramos por aquel entonces; lo único que queríamos era salir adelante sin tener un trabajo normal y sobre todo ser famosos, a toda costa. Ahora parece que han pasado mil años, y  Xoxanna está tendida en el suelo, inconsciente.
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Universo Hank. Sube.

 

Hola, me llamo Hank y hace años sufrí un accidente cuando trabajaba como repartidor para UPS. Perdí dos dedos del pie izquierdo, concretamente los dos que crecen junto al pequeño, pero las lesiones no me impiden hacer vida normal. Es más, me atrevo a decir que la única secuela que me ha quedado es que mi vida ha mejorado considerablemente desde que perdí el control del camión que conducía y éste se salió de la calzada. Aquel día los envíos no llegaron a su hora, y a su vez, mi vida dio un giro radical hacia mejor. En el accidente, afortunadamente, no se vieron implicados más conductores y aunque fue leve, por unos segundos vi la muerte de cerca. Cubría la zona que va de Oxnard a Santa Bárbara. Vivo a medio trayecto, en un pueblo tranquilo y costero que se llama Ventura. Te sorprenderá saber que los repartidores que realizan rutas cortas, como era mi caso, conducen camiones que no tienen puertas, pero créeme si te digo que en días de mucho calor eso es algo que se agradece. El asiento del conductor está ubicado en medio de la cabina y los cinturones de seguridad son muy incómodos, ya que caen sobre los hombros al estilo de las sujeciones que tienen las banquetas de una montaña rusa. Odiaba ponerme esos malditos cinturones. A menudo, haciendo gala de mi imprudencia, viajaba sin ellos. ¿Qué me podía ocurrir en un trayecto que era capaz de recorrer con los ojos cerrados y cuyo límite de velocidad eran ochenta kilómetros por hora? En resumidas cuentas, salí disparado por el lado derecho con la mala suerte de que se me quedó el pie enganchado bajo el pedal del freno, amputándome dos dedos. ¿He mencionado que acostumbraba a conducir descalzo?
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1×03. Un día de esos. El día en que conocí Twitter.

 

Anteriormente en El Día en que conocí Twitter…

 

Pasaron un montón de cosas, mudanzas, peleas con botellas rotas, sexo interracial, accidentes laborales y alumnas de internado con síndrome de Tourette.

Puedes ponerte al día aquí: 1×01 / 1×02 

Créditos de apertura de la serie “El Día en que Conocí Twitter”

‘Una pareja capaz de todo con tal de conseguir un trabajo anormal’.

#ElDiaEnQueConociTwitter

 

Un día de esos

 

–El Señor ha puesto al Director de Cine en nuestro camino por alguna razón. Hay que dar gracias por ello –afirma Xoxanna convencida.

–¿Qué señor? –pregunto.

Sé por dónde van los tiros. Xoxanna se pone mística de vez en cuando. Es la forma que tiene de exteriorizar su alegría ante un proyecto nuevo.

–Sabes perfectamente de lo que te hablo. Tenemos que entrar en una iglesia a rezar y dar las gracias antes de que acabe el día, los dos, es muy importante.

–No me jodas, Xoxanna… ¿otra vez con esas chorradas?

–¡No te jodo! Y créeme que el joder se va a acabar si hoy no entramos en una iglesia a rezar y dar las gracias antes de que se acabe el puto día.

–Me encanta esa lengua de católica que tienes. Hace poco amenazabas a una chiquilla que padece el síndrome de Tourette con una botella rota y hoy quieres rezar porque su padre nos ha encontrado trabajo. Read More

Borderline

Imagínate algún lugar de la parte sur de California. Vale.

Tengo unas terribles ganas de mear. Estoy en la terraza de un garito de mala muerte, llevo cinco pintas y setenta y seis páginas de una novela de Bukowski que en su día leí traducida, pero encajo mejor los puñetazos directos al hígado que destila en cada frase si los recibo en su idioma materno; además, es una extraña edición. La zona es tétrica y decadente, la gente auténtica y los bares, aún más. Tengo una cama, cuatro paredes y un techo a dos pasos de aquí.

Siento una gran bolsa de pis que me llega hasta el ombligo y me presiona el duodeno desde hace treinta y dos páginas. Por fin llego a un punto y aparte. Me levanto con toda la dignidad que me queda y entro tambaleándome en el bar con las manos por delante, como si anduviese a oscuras por un pasillo lleno de telarañas o con el mismo estilo del que es sorprendido por un huracán cuando baja a sacar la basura con su peor chandal.

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Gente sencilla

Hora punta en el metro. La gente sencilla sale de sus trabajos. Una señora viaja sentada en un asiento de los plegables y habla sola, ofreciendo pequeñas partes de su vida a las barbillas de los pasajeros que, aburridas, apuntan a las iluminadas pantallas de sus smartphones. “Menudo día llevo hoy, toda la tarde de un lado para otro. He tenido que dejar el ordenador en una tienda y luego he ido a comprar vainas a la otra punta de la ciudad”. Una chica sonríe ante un mensaje entrante. Un tipo trajeado repasa las cuatro noticias de última hora en un diario online. Un preadolescente sacrifica sus tímpanos al reguetón. Rutinas de la gente sencilla. “Las vainas son para mi hija que desde que se ha independizado no se alimenta bien y mañana viene a comer. Lo del ordenador es porque me gusta mucho jugar y lo rompo. Soy un desastre. ¡Ay, menudo día!”. Llevo observándola desde que he subido al vagón, tratando de averiguar, camuflado entre la multitud absorta, si en realidad se dirige a la mujer que tiene justo a su lado o, si por el contrario, es un monólogo rubricado por la soledad. Antes de llegar a mi destino compruebo que se trata de lo segundo. La gente sencilla está sola, y a la vez, harta de tratar con extraños.

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Ahí dentro no hay nadie

Mi nombre es ****** ********. Nací el 19 de Septiembre de 1972, hoy es lunes 9 de diciembre de 2013 y he almorzado lenguado meuniere a las 13:32 en el bar de enfrente de la gasolinera en la que trabajo diez horas al día, de lunes a sábado, desde hace seis años. Estaba jugoso. El color de la hierba es el verde y el del mar, el azul. Perro: Mamífero doméstico de la familia de los Cánidos, de tamaño, forma y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre. Dícese también de una persona despreciable. Hoy, como todos los días a la misma hora, le he vuelto a ver.”

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TBD. Bolo nº 23: Ferias y más ferias.

Tardes de bohemia y desilusión.

Una ficha de autor narrada.

Tras Sant Jordi vinieron más y, a su vez, otra novela y nuevos circuitos de presentación. Todo esto que te cuento, es anterior a que existiese “mandy-candy.com”. Madrid, en el retiro, Bilbao, en el Arenal (llovía), Durango, Donosti… Tan sólo cambiaba la ubicación y la caseta. Conocías a gente, sí; vendías algo, a veces; pero la interacción estaba cortada por un mostrador que me impedía ser yo mismo. Durante esa época comenzaron a llegarme las primeras reacciones de los lectores, eso me animó bastante. Buenas o malas, significaba que lo que hacía era real. Te juro que a veces llegaba a pensar que no.

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TBD. Bolo nº 92: En un colegio de monjas.

Tardes de bohemia y desilusión.

Una ficha de autor narrada.

Por aquellos entonces yo ya lo había dejado con la poesía, quiero decir, seguíamos viéndonos, pero nuestra relación era meramente platónica: sólo la leía. Sobre los escenarios me sentía más cómodo interpretando una nueva faceta que había descubierto gracias a Diletante, y que surgió por mera inercia, a base de participar juntos en los shows. Era algo cómico, caótico, desordenado, canalla… algo fascinante; libre. Dejar de hablar de cositas que tienes dentro y que nadie entiende porque son cositas que tienes dentro y que tú tampoco sabes explicar para pasar a ser alguien totalmente nuevo, el que te de la gana, siempre que quieras. La puta bomba.

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Naia

Tiene siete años y su momento preferido del día sucede ahora mismo: el paseo en bicicleta que da con su padre en el asiento supletorio trasero, camino de la tienda. El otoño en la costa aún muestra su cara más dulce; los autóctonos lo llaman “verano sin turistas”. El mar ronronea satisfecho de acoger a sus vecinos en una orilla sin banderas. Naia se siente especial, abrazada a la espalda de su padre, disfrutando de todo lo que hace más presente el cálido contacto: los baches, los giros de cuello, los saludos levantando una mano del manillar… Le encanta sentir la vibración que sobre sus carrillos se transfiere a cada “Aúpa” o “Buenos días”. Suele aprovechar para adivinar a quién puede estar saludando mientras intenta no quedarse dormida de puro gusto. Con los ojos cerrados, trata de adivinar el mundo a través de los otros cuatro sentidos: el recorrido, el clima, el estado de la mar, la velocidad a la que van… se lo toma como una especie de entrenamiento. Read More