Voy a quedarme en casa este martes a escribir y beber cerveza. Me abriré una lata bien fría y ni siquiera pensaré en que además es trece, qué más da. Quizá escriba ese artículo que tengo garabateado en un par de hojas sueltas que ya no encuentro, o aquel relato que se me ocurrió el sábado al ver a unos niños jugar a tirarse algas mientras los mayores hacían cosas de mayores a su alrededor y yo me tomaba una cerveza. Recuerdo que, mientras grababa un audio a modo de recordatorio para la posterior escritura del relato, sentí una extraña punzada al enfrentarme a una pregunta que ya no me asusta.

Hoy, martes y trece, llueve, y llevaba esperando un día así desde hace tiempo, para quedarme en casa a escribir y beber cerveza. Quizá continúe la novela que empecé hace meses, o aquel relato negro del que sólo pude rematar un principio potente utilizando el viejo y manido truco de comenzar por el final. Sí, voy a quedarme en casa este martes a escribir y beber cerveza porque siento que tengo algo que decir, algo más que esto. Puede que me vengue de mis fantasmas convirtiéndolos en una trama bonita o que los haga enfadar poniéndoles nombre y apellido, mostrándolos tal como son.

He escuchado la nota de audio que grabé aquel sábado y me parece tan irrelevante como cualquier cosa que digan ahora por la tele. Las hojas donde descansaban mis notas para aquel artículo han hecho bien en esconderse de mí, era demasiado pretencioso. Tras justificar este texto, ponerlo con la letra adecuada y darle sangría en la primera línea, la ficción de mis propias historias se vuelve contra mí haciéndose real de una manera insultante. Puedo oír cómo se rompe algo que  ayer no estaba ahí, y no sé si eso es buena o mala noticia.

Lo único que sé es que no voy a ir a por una escoba, porque he decidido que voy a quedarme en casa este martes a escribir y beber cerveza.

Lluvia un martes y trece. from Asier Triguero on Vimeo.

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